23/02/2010. Abel Tasman N.P.

Bastante temprano nos presentamos en la playa de Kaiteriteri, donde empezaríamos nuestra excursión semiorganizada con Wilsons. El plan era:

- Kayak marino a la entrada del parque.
- Acuataxi hasta la zona de la isla de Tonga.
- Una pequeña caminata por nuestra cuenta, y vuelta en acuataxi a Kaiteriteri

Pero necesitamos unas pequeñas compras previas: una gorra, antimosquitos y crema para después de las picaduras y las quemaduras solares. Nuestro aspecto era un poco lamentable rojos como salmonetes por el sol y llenos de picaduras de mosquitos. 
Formamos parte de un grupo con otras siete personas y una monitora muy símpatica cuyo inglés nos resultaba  desconcertante. Tras algunas sencillas instrucciones nos pusimos a paladear (¿se dirá así?). Yo estaba un poco preocupada por si volcaba el kayak, ya que temía que me fuera imposible desprenderme del cubre y quedarme atrapada bajo el mismo. Pero el mar estaba muy tranquilo y no hubo ningún peligro, a pesar de los esfuerzos de Jorge por menear la piragua.

Fueron unas dos horas por el mar, en las que llegamos hasta Split Apple Rock, una enorme piedra redonda de granito partida por la mitad. Allí nos bajamos en la playa y dimos una pequeña vuelta por unas cuevas.



Me gustó la experiencia, si bien me supieron a poco esas dos horas de kayak. A nuestro regreso a la playa de Kaiteriteri, y tras un más que correcto pic-nic, cogimos el aquataxi que nos llevaría a la playa de Onetahuti. El barco iba rapidísimo por lo que Jorge estuvo a punto de perder su gorra nueva en un golpe de viento. Íbamos  a pasar por la isla de Tonga, con el fin de ver sus famosas focas, cuando me surgió la idea de visitar el excusado. Tan rápido navegábamos que cuando salí del mismo, el barco ya abandonaba la isla. No obstante parece que focas, lo que se dice focas, nadie vio ninguna, pero nosotros ya íbamos con los deberes hechos porque habíamos visto unas cuantas en Milford Sound y en Cape Foulwind.
Una vez en la playa de Onetahuti teníamos por delante 7 kilómtros de ruta hasta la playa de Bark Bay donde cogeríamos de nuevo el aquataxi de regreso a Kaiteriteri, con tres horas de margen. La ruta discurre por un bosque mucho más seco que el resto de los que habíamos visitado, más parecido a los pinares mediterráneos. Pero las vistas son impresionantes, playas de arena dorada entre monañitas onduladas cubiertas de árboles ,y aguas cristalinas verde y turquesa. Y lo que es sorprendente, playas maravillosas que en pleno verano no estaban repletas de toallas.

 
En cada bahía, protegidos del viento, había veleros y varios kayaks recorrían la costa aquí y allá.
Es curioso que varios tramos de rutas discurren por las playas, y sólo pueden recorrerse en bajamar. En pleamar hay alternativas más largas a través del monte.
Nosotros llegamos al desvío: a la izquierda bajamar, a la derecha pleamar. Yo creía haber leído que la bajamar había sido de madrugada, por lo que pensaba que era más recomendable ir por la montaña. Pero como teníamos dudas razonables, preguntamos a una pareja de mochileros. Ellos pensaban que  la mejor ruta era por la playa.
Finalmente nos juntamos un pequeño grupo con la playa como mejor opción: una ruta más corta y cuesta abajo.Allí nos dirijimos..¡Y sorpresa!... no había camino, una lengua de unos 30 metros de agua nos separaba de la arena de la playa. Ya nos volvíamos, cuando un americano intrépido decidió cruzar andando y como el agua no le llegaba más allá del culo, cruzamos todos en fila india. Pero pasé un rato de lo más desagradable, como llevaba botas de montaña me tuve que descalzar. ¿Conoceis esa sensación de pisar lodo?...añadirle el crujido de las conchas bajo los pies.. Parece poco ¿Verdad? pues sumarle el asco que produce cuando llegas a la arena y descubres que el suelo está lleno no sólo de almejitas sino también de unos gusanos blancos gordos como mis dedos de la mano.

Atravesamos la arena y llegamos a un pequeño refugio donde nos despedimos de los mochileros. Junto al albergue mucha gente acampaba, no obstante dormir en el Parque está limitado por lo que hay que reservarlo con antelación. Nosotros no nos quedamos exactamente en la playa más grande, sino que el acuataxi nos recogía en otra mucho más pequeña en la misma bahía. Creo que esta playa es mucho más agradable para acampar ya que sólo permiten unas pocas tiendas de campaña.
Nos dimos un bañito, aunque el agua estaba fría para mi gusto, y tomamos el sol esperando nuestro barco.

Regresamos de nuevo a Kaiteriteri, más rojos de lo que nos fuimos por la mañana. Tras una más que merecida ducha cenamos en el mismo Kaiteriteri, en The  Beached Whale, pizza y confit de pato.
XOXO

Comentarios

  1. 1º Me da que no se dice "paladear" (que es más bien degustar), sino "palear"
    2º ¿No tenemos fotos de esos gusanazos?
    3º Yo no he visto en fotos el color salmonete del que tanto hablas... y a la vuelta no es que estuviérais muy rojos...

    Abrazos!

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  2. 1º Queda claro que el gocheo y el tripeo son santo y seña de este grupo... cuando se confunde palear con paladear es que el estomago manda.

    2º qué playas... qué playas...

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  3. Pueeees... la verdad es que estoy totalmente de acuerdo con los puntos 1º y 2º de tu exposición, amigo...

    Abrazos!

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  4. Ya sabeis que la cabra siempre tira al monte... o a la comida.

    Besitos

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  5. Correctas las anotaciones 1º, 2º, 3º, 1º bis y 2º bis. Es palear, o más fácil aun bogar. Los gusanos-boa eran más bien lombricillas. No nos quemamos tanto. Somos unos gochos. Y efectivamente ¡¡qué playas...!!

    A más ver.

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  6. Ya sabía yo que había algo de exageración en el relato. Menos mal que también estabas ahí Jor, sino, nos tendríamos que haber creído lo de los gusanazos, lo de los salmonetes y hasta que en Niu Silan, el agua gira al reves... ;D

    Abrazos!

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