Toscana. Día 4. Uffizi y Oltrarno, Florencia

Empezamos bien ..... mi hijo decidió pintar un Pollock en el sofá de la salita del desayuno del hotel con la ayuda del zumo de naranja, de la papilla de chocolate y de un par de uvas. Nos esperaba un día de lo más artístico.
Muy temprano entramos en la Galería Uffizi. Una de la ventajas de la Firenze Card es que no hay que hacer cola ni reservar entrada, ya que la mayoría de los museos tienen una entrada específica para los turistas que han comprado la Firenze Card.
Cuando llegamos al museo no había casi visitantes por lo que pudimos ver "La Primavera" de Botticelli prácticamente solos.
Aquí efectué mi primera foto prohibida de una obra de arte...vendrían otras con consecuencias.

Mientras los demás veían la pinacoteca con detenimiento, yo hice una "visita relámpago"al museo, con lo que llegué a la cafetería antes de que la abrieran. Tienen una maravillosa terraza desde la que se ve el Duomo y el Palazzo Vecchio.

Aunque hice el recorrido rapidísimo pude ver "El nacimiento de Venus", también de Botticelli, "El Duque y la Duquesa de Urbino" de Piero della Francesca, "La Sagrada Familia " de Miguel Ángel  "Anunciacion" de Leonardo da Vinci, "Medusa" de Caravaggio, "Palacio Ducal y la plaza de San Marcos" de Canaletto y los autorretratos de Rembrant. No le pude pedir más a un bebé de 17 meses.
Pasamos un buen rato en las puertas del museo esperando al resto del grupo, viendo el ir y venir de turistas, y a varias decenas de pintores que se ganaban la vida haciendo retratos y caricaturas, e intentando vender alguna de sus obras. A las 10 de la mañana el centro de Florencia era de nuevo un hervidero de gente.
Decidimos pasar el resto de la mañana al aire libre y nos dirigimos a los jardines del Boboli. Estos jardines se encuentran al otro lado del río Arno (Oltrarno), y se accede a través del Palacio Pitti.
Fue un rato refrescante y agradable, pudimos descansar sobre la hierba con unas preciosas vistas de la ciudad.


Comimos unos panninis en Gustapanino (bastante ricos), muy cerca del Palazzo Pitti. Y ya devuelta al hotel decidimos hacer una parada técnica en la Heladería Santa Trinita, para repetir unos helados artesanales fabulosos. Probamos helados de chocolate negro, de menta, de pistacho, de leche de almendras, y sorbetes de lima y de pomelo rosa, helados en los que se notaban los ingredientes naturales.
Descansamos unas horas en el hotel antes de dirigirnos a la Plaza de Michellangelo para ver el famoso atardecer de Florencia. Parece que ahora es un MUST ir a ver el atardecer a la escalinata de la plaza, con una botella de vino y un bocata.
Nos hicimos con una botella de vino y volvimos al All'Antico Vinaio, para comprar otras fantásticas focaccias (salami y pecorino), con las que cumplir con nuestro deber turístico. 
Decidimos subir en autobús lo que nos llevó más tiempo del esperado, temía que viéramos el atardecer desde dentro del vehículo. Pero contra todo pronóstico llegamos justo a tiempo de hacernos unas fotos y de encontrar un hueco en la concurridísima escalinata. 
Un señor melenudo tocaba grandes éxitos con su guitarra eléctrica en formato new age...muy al estilo del café del sol. A pesar de todo fue un rato delicioso. Las vistas de Florencia, el vino, la comida, la música, y sobretodo la compañía, hicieron de esa cena un momento estupendo.

Volvimos al centro andando, cuesta abajo, y al llegar a la Piazza della Signoria encontramos un concierto de música clásica. Un gran final para el día.
Todo muy turístico, todo fabuloso.


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