Toscana. Día 13. Fiesole y Cierre.

Hechas las maletas, dimos por finalizada nuestra estancia en el agriturismo con la compra de varias botellas de vino, y nos dirigimos de nuevo a Florencia, para despedirnos de la Toscana. 

Llegamos a Italia por Pisa, con ryanair, pero regresamos desde Florencia con Vueling, ya que el regreso desde Pisa nos hubiera supuesto un enorme madrugón.
Antes de dirigirnos al aeropuerto, como teníamos varias horas libres, visitamos Fiesole. Gracias a las indicaciones del GPS estuvimos a punto de atravesar la Piazza della Signoria en coche. Fiesole es una pequeña ciudad en la que destacan las numerosas mansiones enclavadas, entre árboles, en las colinas adyacentes a Florencia. 
Las vistas de Florencia son míticas. Subimos, con bastante esfuerzo, hasta un mirador desde el que, a pesar del lluvioso día , pudimos ver la fabulosa ciudad y despedirnos como correspondía.

En Fiesole nos tomamos el peor café,  y el más caro, de toda la Toscana, en la cafetería que hay a la entrada  del teatro romano. Pero era necesaria una parada técnica para que los bebés tomaran sus purés calentitos.
El GPS nos la jugó de nuevo en la ruta desde Fiesole al Aeropuerto. Para ser sincera el camino fue de lo más interesante, ya que en lugar de entrar en la gran ciudad fuimos bordeándola por carreterines entre el bosque y casas solariegas.
Nos despedimos de la toscana rumbo al aeropuerto, donde debíamos dejar el coche de alquiler con el depósito lleno. Por este motivo paramos en una gasolinera cercana al aeropuerto, en la que viví la experiencia más desagradable de todo el viaje, ya que los gasolineros no tuvieron la delicadeza de explicarme el funcionamiento del pago, y me trataron con bastante poca educación.
El aeropuerto de Florencia resultó ser pequeñísimo y con muy pocos servicios, además el vuelo se retrasó bastante por lo que tuvimos que comer un bocata malísimo en la única cafetería de la zona de embarque, que además se encontraba atestada.
Ya en el avión, a pesar de nuestros esfuerzos, Iván "le dio" el vuelo al pasajero de al lado. Finalmente llegamos a Madrid cansados, y melancólicos por el final del viaje, pero con la memoria llena de nuevos lugares, olores y sabores.

Del viaje a la Toscana, con un bebé, saqué las siguientes conclusiones:
  • Florencia no es una ciudad amigable para niños pequeños, no hay parques y jardines en las zonas más monumentales.
  • Sin embargo en el campo, en el apartamento con piscina y con un ancho mundo por recorrer, mi pequeño disfrutó muchísimo.
  • La comida del niño fue un problema, ya que por aquel entonces aún se basaba en purés y papillas. La comida italiana preparada para bebés es muy distinta a la española. Mi hijo nunca ha sido muy melindroso y sin embargo no le gustó ninguno de los "potitos" italianos ni tampoco la papilla. Ahora tengo claro que si tuviera que volver con un bebé en esa edad llevaría la comida desde España, o le daría pasta.
Mis "sitios" favoritos del viaje:
  • El Campo de los Milagros por la noche.
  • La luz de Florencia al atardecer.
  • La Piazza della Signoria atestada o no de turistas como yo.
  • El David.
  • Recorrer la plaza del Duomo a primera hora de la mañana.
  • El festival medieval de Volterra.
  • La catedral de Siena.
  • Compras en Lucca.
  • Recorrer los preciosos pueblecitos de la toscana, turísticos, pero no masificados.
  • El sonido en la toscana por la noche.
  • Focaccia con salami y pecorino
  • Pasta, pizza, pappa pomodoro,...los helados, los helados y los helados, de Santa Trinita en Florencia (Yo que he dicho cientos de veces que no me gustan los helados"
  • Las cenas de troffi con pesto y vino blanco, "al fresco"
En resumen una maravilla de viaje.

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