Alsacia y Selva Negra. Día 8. Friburgo

Agradable visita a una ciudad acogedora.
Teníamos por delante dos días sin ningún plan concreto y decidimos visitar Friburgo, dejando Europa Park para otra ocasión.

Münsterplatz, Friburgo
Desde Baiersbronn se tardaban dos horas en llegar hasta el centro de Friburgo por la autopista 5. Esta autopista no tenía, en la mayor parte de este tramo, límite de velocidad. Que no tuviera  límite de velocidad resultaba muy conveniente en aquellos tramos con poca densidad de vehículos, pero allí donde el tráfico era mayor, la autopista se convertía en un caos. Todos los coches querían ir muy rápido por el carril de la izquierda, pero iban pegados dando frenazos. Ninguno se cambiaba al carril de la derecha ya que si acabadas detrás de un camión era imposible volver a salir al de la izquierda. Con esto descubrimos que en Alemania conducen más o menos igual de mal que lo hacemos en España.

Llegamos al centro de Friburgo sin mayores incidencias, y aparcamos en un centro comercial (Unterlinden). En pocos minutos estábamos en el bullicioso centro de la ciudad, muy agradable con un ambiente relajado y cosmopolita.

Al poco de salir del centro comercial ya vimos los pequeños canales que recorren la mayor parte de las calles de Friburgo. Lo primero que vio mi hijo fue a otros niños jugando con barquitos de madera en los canales, por lo que buscamos el puesto donde los vendían por 6€. El barco fue todo un éxito ya que esto hizo que el niño no se cansara del paseo en ningún momento, disfrutando muchísimo del paseo por la ciudad.
Puesto de juguetes de madera, Friburgo
Disfrutando de los canales, Friburgo
La plaza de la catedral estaba repleta de puestos en los que vendían fruta, flores, juguetes de madera, y por supuesto comida.
Münsterplatz, Friburgo

Como aún era pronto decidimos seguir paseando y volver más tarde a comer a la plaza. Estuvimos callejeando por el casco antiguo y mi marido aprovechó para hacer algunas compras de papel para sus encuadernaciones. El empedrado del suelo dibujaba objetos que identificaban los comercios de la calle, costumbre que parece proviene de la Edad Media.
Friburgo
Finalmente volvimos a la plaza de la catedral e hicimos dos equipos, mientras yo daba de comer a la bebé ,los chicos entraban en el templo.
Münster, Friburgo
Luego comimos sentados en el suelo junto a los muros de la catedral, y es que apenas había bancos en la plaza. Tomamos salchichas de varios tipos, todas bastante buenas, pero las más ricas fueron las currywurst, cortadas en rodajas servidas con ketchup y polvo de curry.
Después de comer volvimos a separarnos y los chicos subieron a la torre de la catedral.
Münster, Friburgo
Torre de la Catedral, Friburgo



Vistas desde la torre de la Catedral, Friburgo
Tras bajar de la torre, bajada que "preocupó" un poco a mi hijo de 4 años, volvimos relajadamente al coche para regresar al norte de la Selva Negra.

Por la tarde nos acercamos a Freudenstadt, con la idea de cenar en un Biergarten. Como llegamos temprano visitamos su famosa plaza, muy conocida por ser la más grande de Alemania. Dentro había un estupendo parque infantil, donde además de los habituales columpios había una serie de maquinas para jugar y aprender con agua (balancines, tornillo de arquímedes..) el único problema es que la tarde era un poco fría para mojarse.

Marktplatz, Freudenstadt
Cenamos en Turm Brau, una cervecería donde preparaban su propia cerveza, que se encontraba en el centro de la plaza, junto a información turística. Tenía un bonito biergarten pero había demasiado frío para cenar al aire libre. el interior todo de madera era muy agradable y pedimos, además de la cerveza, un bretzel con mantequilla (riquísimo), cerdo asado (muy seco) y unos raviolis gigantes rellenos de carne. La comida no estaba mal, pero fue una de esas veladas en las que la inquietud de los pequeños impide que cenes tranquilamente.

Fin a un día muy agradable.                    





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